"Estamos ante una oportunidad única de construir un nuevo puente entre Medicina y Odontología"


Es primordial que el odontólogo pueda educar al paciente sobre la importancia de la higiene oral, no solo para los dientes, sino como herramienta para controlar el dolor sistémico, así como dar pautas sobre hábitos de vida.
"Estamos ante una oportunidad única de construir un nuevo puente entre Medicina y Odontología"

6 de mayo de 2025

Investigadoras de la Universidad de Sídney han encontrado una relación significativa entre la mala salud bucal y la aparición de migrañas, dolor abdominal y molestias corporales en mujeres, especialmente en aquellas con fibromialgia. El estudio identificó asociaciones claras entre ciertas bacterias orales y diversos tipos de dolor, apuntando a un posible vínculo entre el microbioma oral y el sistema nervioso.

La relación entre salud bucodental y dolor crónico como migrañas, dolor abdominal o dolor corporal generalizado (por ejemplo, en fibromialgia) parece deberse a varios mecanismos fisiopatológicos, que están en proceso de investigación. Por una parte, está la relación entre la Disbiosis oral e inflamación sistémica, cuando hay desequilibrio de la microbiota oral (disbiosis), las bacterias patógenas pueden pasar a la sangre (bacteriemia transitoria) o estimular al sistema inmunológico, explica el Dr. Carlos Lagares Freire, médico odontólogo, experto en Microbiota Oral e Intestinal y Profesor Facultad Ciencias Biomédicas y Salud de la Universidad Europea de Madrid. Y prosigue "esto genera una inflamación sistémica de bajo grado, esta inflamación crónica es un factor reconocido en la aparición y el mantenimiento de dolor crónico y migrañas, pero además están las citoquinas inflamatorias (como IL-6, TNF-α) que sensibilizan las vías del dolor".

Por otro lado, describe, el microbioma oral no solo afecta la boca, sino que influye en la composición del microbioma intestinal (porque tragamos continuamente saliva con bacterias). Así, un intestino alterado puede llevar a permeabilidad intestinal aumentada ("leaky gut"), favoreciendo la entrada de endotoxinas al torrente sanguíneo, esto también puede activar vías inflamatorias que impactan el sistema nervioso central, mediante el eje Intestino cerebro algunos metabolitos bacterianos tóxicos y citoquinas inflamatorias pueden atravesar la barrera hematoencefálica o estimular el nervio vago, provocando la llamada Neuro inflamación, y esta es clave en la fisiopatología de las migrañas y la fibromialgia.

Pero últimamente hay grupos de investigación que hablan del eje boca cerebro mediado por el nervio trigémino, Infecciones o inflamaciones orales pueden irritar o sensibilizar estas vías nerviosas, facilitando crisis de migraña, ha informado el especialista.

Según matiza Lagares Freire, "el sexo biológico influye porque las mujeres tienen un sistema inmunológico más reactivo, lo que las hace más propensas a inflamación crónica y dolor". Y prosigue, "las hormonas sexuales, como el estrógeno, modulan tanto la inflamación como la sensibilidad al dolor, afectando, además, la microbiota oral. También, las mujeres presentan una mayor permeabilidad en barreras biológicas, facilitando la activación de vías de dolor por metabolitos bacterianos".

La salud bucal, un factor de riesgo modificable

Así, insiste en que existen argumentos científicos para considerar la salud bucal como un factor de riesgo modificable en pacientes con dolor crónico, especialmente en mujeres. "La inflamación de bajo grado es un pilar en la fisiopatología del dolor crónico (migrañas, fibromialgia, dolor musculoesquelético), y la disbiosis oral y enfermedades como gingivitis o periodontitis son fuentes crónicas de inflamación. Estas patologías son fáciles de controlar para un dentista con pequeños cambios en la dieta, hábitos, técnicas de higiene y mínimas intervenciones odontológicas", explica. Además, insiste que, en pacientes con dolor crónico, especialmente mujeres, sería coherente incluir una evaluación bucodental como parte del abordaje multidisciplinario contando con especialidades como: Medicina del dolor, Reumatología, Neurología, Odontología, Nutrición y Psicología.

¿Este hallazgo podría llevar a cambios en los protocolos de diagnóstico o manejo del dolor en atención primaria o en unidades del dolor? Según opina, en las unidades de dolor o especialidades que tratan a este tipo de pacientes, se debería añadir un cribado básico de salud oral en la historia clínica y si se detectan estos problemas bucales que pueden estar contribuyendo a la inflamación sistémica derivar al odontólogo para tratar los focos infecciosos o la disbiosis bucal. Pero es que, además, la probioterapia oral específica, fisioterapia, nutrición y terapia cognitivo-conductual se deberían incluir para el manejo del microbioma oral como parte de la estrategia.

Los odontólogos y el abordaje multidisciplinar del dolor crónico

Como expresa, los odontólogos ya tienen un papel predominante sobre pacientes con dolor orofacial. "Pero es que además sobre el dolor crónico deberían tener un papel mas activo respecto al cribaje de patología como las ya mencionadas anteriormente de origen infeccioso, las disbiosis orales, pero también el bruxismo o la maloclusión, ya hemos comentado como a través de tratamientos periodontales, control de infecciones, mejora de la microbiota oral, el odontólogo ayuda a disminuir la inflamación de bajo grado, que sabemos que empeora la fibromialgia, las migrañas y otros síndromes de dolor". Así, insiste, "es primordial que el odontólogo pueda educar al paciente sobre la importancia de la higiene oral no solo para los dientes, sino como herramienta para controlar el dolor sistémico, así como dar pautas sobre hábitos de vida: dieta antiinflamatoria, control de azúcar, evitar irritantes de la mucosa oral, malos hábitos, el odontólogo debería integrarse en equipos de unidades del dolor junto a las otras especialidades".

Una nueva vía terapéutica para algunas pacientes con dolor crónico que no han respondido a tratamientos convencionales

En su opinión, en efecto, especialmente aquellas pacientes que no han respondido bien a tratamientos convencionales, considera que este hallazgo puede abrir una nueva vía terapéutica, básicamente "porque vamos a atacar una causa subyacente que no se había considerado antes, muchos tratamientos actuales para el dolor crónico (analgésicos, antidepresivos, anticonvulsivantes, terapia física) actúan sobre los síntomas, no sobre las posibles causas biológicas profundas. Si parte del dolor se mantiene o amplifica por disbiosis oral e inflamación sistémica, corregir el ecosistema bucal podría disminuir significativamente el dolor. Además, es una opción no farmacológica sobre unos pacientes polimedicados y con grandes efectos secundarios incluso dependencia farmacológica. Mejorar la salud oral, modular el microbioma y reducir la inflamación ofrece una vía natural, segura y de bajo riesgo para mejorar síntomas". Y es que "el dolor crónico genera estrés, el estrés empeora la disbiosis oral, la disbiosis perpetúa la inflamación, la inflamación agrava el dolor. Intervenir a nivel bucodental puede cortar este círculo en un punto inesperado, mejorando no solo el dolor, sino también la fatiga, el sueño y el estado anímico", destaca.

Por otro lado, este estudio puede suponer un cambio de paradigma en cómo se enseña el abordaje del dolor crónico en la formación médica y odontológica. "Se pasa de un enfoque sintomático a un enfoque sistémico-integrativo, hasta ahora, en la formación médica y odontológica, el dolor crónico se enseñaba de manera muy centrada en clasificar tipos de dolor (neuropático, nociceptivo, mixto) y el manejo sintomático (farmacología, fisioterapia, psicoterapia) con poca conexión con factores inflamatorios sistémicos ni con la microbiota". Entender el dolor como resultado de un ecosistema alterado (inflamación, disbiosis, disfunción neuro inmune) y ver la boca como como un órgano centinela que refleja y afecta la inflamación sistémica puede hacernos pensar en un cambio de paradigma en este sentido, expresa. Así, este tipo de hallazgos no solo debería cambiar cómo tratamos el dolor crónico, sino también cómo lo enseñamos: "Desde una visión mucho más sistémica, integradora e interdisciplinaria. Sí, estamos ante un posible cambio de paradigma en la formación médica y odontológica".

Más investigaciones colaborativas

Fomentar investigaciones colaborativas en estos campos es clave para entender mejor los vínculos entre microbiota oral, inflamación y dolor crónico. Para el experto, las bases fundamentales serian:

  1. Crear grupos de investigación interdisciplinarios desde las universidades. Establecer grupos de trabajo conjuntos donde haya odontólogos, médicos (especialmente de medicina interna, reumatología, neurología) y biomédicos especializados en microbiota e inmunología. Una línea de investigación primordial seria por ejemplo "Microbiota Oral y Enfermedades Sistémicas". De hecho, en la Universidad Europea en la que soy docente desde hace 25 años, estamos en la fase final de un proyecto de Investigación multidisciplinar donde hemos participado Médicos, Odontólogos , Microbiólogos y Biólogos Moleculares donde se ha estudiado la microbiota oral en niños con trastornos del Neurodesarrollo.
  2. Desarrollar programas de investigación traslacional. Impulsar proyectos que vayan de la clínica al laboratorio y del laboratorio a la clínica. Qué un problema detectado en la consulta odontológica (por ejemplo, disbiosis oral en fibromialgia) genere hipótesis que luego se estudien en modelos celulares, animales o cohortes clínicas.
  3. Ofrecer becas específicas y ayudas a proyectos Inter facultativos. Universidades y centros de investigación podrían crear convocatorias específicas que exijan colaboración entre facultades para poder presentarse. Esto obliga a buscar alianzas naturales entre diferentes disciplinas.
  4. Diseñar másteres o cursos de especialización conjuntos. Másteres oficiales o diplomas en áreas como "Microbioma Humano y Salud Sistémica" o "Medicina Oral Traslacional". Serian cursos que formarían a futuros investigadores con una visión verdaderamente integradora.
  5. Fomentar publicaciones y congresos interdisciplinares. Crear revistas y congresos que no sean exclusivos de medicina o de odontología, sino que se centren en temas frontera: Microbioma, interacción oral-sistémica.
  6. Impulsar tesis doctorales codirigidas. Que los doctorandos puedan tener un tutor en odontología y otro en medicina o biomedicina. Así, la investigación se plantea ya con una mente interdisciplinar.

En resumen, "si queremos avanzar de verdad, hay que derribar barreras entre disciplinas, fomentar espacios compartidos de formación, investigación y publicación científica".

El papel de la universidad en la validación y difusión de estos hallazgos

La universidad juega un papel fundamental en este aspecto promoviendo la investigación de alta calidad con ensayos multicéntricos o estudios longitudinales de cohortes, por ejemplo. Además, exclama, tiene una responsabilidad académica, actualizando los planes de estudio de Medicina, Odontología y Biomedicina para integrar estos nuevos conocimientos, esto es a más largo plazo, pero a corto plazo podría ofrecer cursos de formación continua (presenciales y online) dirigidos a médicos, odontólogos, farmacéuticos, fisioterapeutas, psicólogos, etc., enfocados a la relación microbioma oral–inflamación–dolor crónico y sus implicaciones prácticas en la consulta clínica. También están la organización congresos, simposios y jornadas científicas sobre esta materia. Pero declara, no solo la universidad tiene una responsabilidad en este aspecto, las Sociedades Científicas también podrían colaborar incluyendo en sus guías clínicas y protocolos el cribado bucodental en dolor crónico, los protocolos de derivación Medicina–Odontología incluso las indicaciones de terapias de modulación de microbiota oral.

En resumen, insiste, la universidad, con su peso institucional para comunicar estos avances en medios (revistas profesionales, prensa general, webinars) puede y debe ser el motor de cambio, no solo descubriendo, sino validando, enseñando, trasladando y normalizando esta nueva visión integradora de la salud bucodental en el contexto del dolor crónico.

Para Lagares, este tipo de evidencia impulsar la creación de nuevas asignaturas o líneas de investigación en programas de máster o doctorado: "Esto es ya una realidad en la Universidad Europea, por ejemplo, en el Postgrado de Dolor Orofacial y Medicina Oral Y Dental del Sueño que se imparte y aborda estos conceptos desde un punto de vista multidisciplinar. En el Postgrado de Periodoncia Clínica y Osteointegración en el cual participo, hemos incorporado temas como la Microbiota Oral, la disbiosis Oral, métodos diagnósticos y su tratamiento con el nuevo enfoque de la probioticoterapia y la inmunomodulación que antes no existían en el programa".

Respecto a líneas de investigación, se le ocurren algunas que se podrían incluir en los cursos de doctorado oficiales, tales como: Microbiota oral y enfermedades inflamatorias sistémicas; Impacto de la salud bucodental en la fisiopatología del dolor crónico; Modulación terapéutica del microbioma oral en el tratamiento del dolor; Ejes microbiota-sistema nervioso en el contexto de fibromialgia y migrañas, etc. "Esto permitiría que nuevos investigadores (odontólogos, médicos, biomédicos) se especializaran en un campo emergente y de alta proyección".

"Respecto a las tesis doctorales estas lo ideal es que fueran interdisciplinares combinando odontología, medicina interna, neurología, inmunología y biotecnología, estudiando, por ejemplo, el efecto de la terapia periodontal intensiva en la severidad del dolor crónico, o los cambios en microbiota oral en pacientes con migrañas refractarias o la correlación entre la disbiosis oral y biomarcadores de inflamación sistémica". Desde su punto de vista, lo más ambicioso sería la creación de másteres conjuntos, por ejemplo, Másteres de Medicina Oral Sistémica, combinando salud oral, microbiota, dolor y enfermedad crónica, incluso porque no una doble titulación que englobara Odontología, Investigación Biomédica, Medicina y Microbiología Clínica.

En definitiva, concluye, "estamos ante una oportunidad única de construir un nuevo puente entre Medicina y Odontología. Hasta ahora, históricamente, ambas disciplinas han trabajado demasiado separadas, como si la boca no fuera parte integral del cuerpo. Este tipo de evidencias científicas —que conectan microbioma oral, inflamación sistémica y dolor crónico— rompen definitivamente esa barrera.

¿Qué implica esto? Una nueva cultura clínica: ver al paciente como un todo biológico, donde la boca es un actor fundamental en la salud general. Una nueva forma de educar: formar médicos que miren la boca y odontólogos que piensen en la salud sistémica. Una nueva investigación traslacional: donde cada hallazgo en microbiota o inflamación puede tener impacto real en el manejo clínico del dolor.

Una nueva forma de tratar a los pacientes: ofreciendo soluciones más profundas, duraderas y basadas en la modulación del ecosistema humano, no solo en el control farmacológico del síntoma. Y algo más importante todavía: abrir la esperanza para muchísimos pacientes que llevan años sufriendo dolor crónico sin una explicación ni solución efectiva. Ofrecerles una nueva vía de tratamiento basada en la microbiota oral no solo es ciencia, también es humanidad aplicada a la medicina".