Crece la atención al frenillo lingual en medio de discrepancias sobre su abordaje


Algunas familias llegan a consulta convencidas de que el frenillo explica las dificultades de lactancia o pronunciación de sus hijos, mientras los servicios quirúrgicos siguen recibiendo derivaciones basadas únicamente en su apariencia. Detrás de estas situaciones persisten diferencias de criterio sobre la valoración funcional, las indicaciones de tratamiento y la coordinación entre los profesionales implicados.
Crece la atención al frenillo lingual en medio de discrepancias sobre su abordaje

2 de noviembre de 2026

Un agarre doloroso, un bebé que no consigue alimentarse eficazmente o una lengua que parece moverse menos de lo esperado pueden llevar la sospecha hasta el terreno del frenillo lingual. Esa sospecha puede estar fundada, pero el aspecto visual por sí solo no aclara el origen de las dificultades. Para averiguarlo, es necesario valorar cómo funciona la lengua y qué otros factores pueden estar influyendo en la alimentación del bebé.

La anquiloglosia también ha ganado visibilidad fuera de las consultas, especialmente en las arenas movedizas de las redes sociales, donde circulan vídeos que explican cómo identificar un frenillo problemático. Este contenido divulgativo puede ayudar a reconocer dificultades que antes pasaban inadvertidas, aunque en ocasiones lleva a algunas familias a consulta con un diagnóstico asumido que puede condicionar la conversación clínica incluso antes de que comience la exploración. La odontopediatra Cristina Domínguez, especializada en bebés y asesora de lactancia, conoce bien esa situación: "El problema que veo en las redes es que resulta difícil profundizar en los temas. Y la anquiloglosia es demasiado compleja como para comprender todas sus vertientes a través de un par de 'reels' de Instagram o TikTok", explica a IM Odontología.

En la consulta, esa cautela cobra sentido al observar cómo se alimenta el bebé. Domínguez recuerda que la coordinación entre succión, respiración y deglución, junto con la estabilidad mandibular y el control postural, puede aportar información sobre el origen de las dificultades. Los chasquidos al mamar, las dificultades en el agarre o una transferencia insuficiente de leche pueden despertar sospechas, especialmente cuando se acompañan de dolor materno persistente o grietas en el pezón. Sin embargo, estas manifestaciones no son exclusivas de la anquiloglosia. La especialista advierte de que pueden aparecer ante otras disfunciones orofaciales, una circunstancia que dificulta establecer hasta qué punto el frenillo está contribuyendo al problema.

Ante esta incertidumbre, la historia clínica ayuda a reconstruir cómo han evolucionado las dificultades y si las medidas de apoyo a la lactancia han producido alguna mejoría. Cuando el bebé no gana peso como cabría esperar, pueden entrar en juego otras patologías que requieren atención. El desarrollo sensoriomotor y las posibles alteraciones del tono muscular aportan, además, información que no siempre resulta evidente al observar una toma.

Del síntoma a la cirugía hay más de un paso

Las clasificaciones tampoco despejan por sí solas las incertidumbres diagnósticas. La de Coryllos describe diferentes configuraciones anatómicas del frenillo, mientras que otras escalas incorporan aspectos de movilidad lingual. "Las escalas son útiles para estandarizar las observaciones que hacemos y objetivarlas. También nos pueden servir como herramienta de cribado para valorar si la dificultad podría estar causada por un frenillo alterado, o si habría que explorar otras posibilidades", explica Domínguez.

La variabilidad en los procedimientos diagnósticos también aparece reflejada en un estudio publicado en la Revista Iberoamericana de Educación e Investigación en Enfermería, con fecha de abril de 2026. A partir de una encuesta a 398 madres residentes en España cuyos bebés habían sido intervenidos del frenillo, las investigadoras encontraron que, según las participantes, el 49,7% de los diagnósticos se había realizado únicamente mediante observación. Además, el 56% de las madres refirió que las dificultades se habían resuelto completamente tras la cirugía.

La apariencia del frenillo no justifica por sí sola una derivación quirúrgica; es necesario valorar su repercusión funcional y descartar otras posibles causas

Hay situaciones en las que, pese al apoyo especializado, las dificultades de lactancia no terminan de resolverse y se plantea la posibilidad de realizar una frenotomía. En esos casos, importa saber cuánto está contribuyendo la restricción lingual al problema y, sobre todo, qué mejoría cabe esperar de la intervención. La evolución del bebé y la respuesta a las medidas conservadoras ayudan a orientar la decisión, aunque no todos los profesionales comparten los mismos criterios para dar ese paso.

Jesús Vicente Redondo, cirujano pediátrico del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, conoce bien esa disparidad de criterios. A su servicio siguen llegando niños derivados por la apariencia del frenillo, sin que esté suficientemente aclarado si existe una limitación funcional. "Derivar a cirugía para valorar la forma del frenillo nunca es suficiente, puesto que todavía no se ha visto relación entre forma y función. La derivación debe realizarse tras haber descartado los demás factores que podrían intervenir en las dificultades del paciente, tanto para la lactancia como para la pronunciación", advierte. Su preocupación alcanza también a las consultas en las que se atribuyen al frenillo síntomas que pueden tener otro origen, especialmente cuando están relacionados con el desarrollo del habla.

En este terreno, Redondo establece una distinción importante entre las dificultades de articulación y los retrasos en la adquisición del lenguaje. Una restricción significativa de la movilidad lingual puede dificultar la pronunciación de determinados fonemas que requieren elevar o hacer vibrar la lengua, como la 'r'. Los retrasos en la adquisición del lenguaje, en cambio, plantean un problema distinto y requieren investigar otras posibles causas.



Esta preocupación por identificar correctamente el origen de los síntomas también aparece ante otras manifestaciones que pueden atribuirse al frenillo. El cirujano menciona las regurgitaciones, frecuentes en el contexto del reflujo fisiológico del lactante, así como la respiración oral o la tortícolis, que pueden requerir una valoración específica por parte de otros especialistas.

La respiración durante el sueño también ha despertado interés en las investigaciones sobre anquiloglosia. Domínguez señala que algunos trabajos han encontrado asociaciones entre esta condición y la apnea obstructiva del sueño infantil, aunque matiza que esa relación no implica necesariamente causalidad. La posible intervención de otros factores y las limitaciones de la evidencia disponible impiden, por ahora, recomendar frenectomías rutinarias con el propósito de prevenir esta alteración del sueño.

La cirugía empieza en la derivación

En el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, profesionales de la Unidad de Cirugía Plástica Infantil, junto con Redondo, elaboraron un tríptico informativo para mejorar las derivaciones desde Atención Primaria. El documento recogía los criterios utilizados por la unidad para valorar una frenotomía. Los resultados de esta iniciativa, publicados en 2023 tras el análisis de 874 consultas, mostraron que las derivaciones que no se ajustaban a esos criterios descendieron del 41,8% al 32,6%. También disminuyeron, del 34,4% al 23,3%, las remisiones de pacientes sin problemas funcionales evidentes. Aunque los resultados corresponden a un único servicio, la experiencia refleja cómo una herramienta sencilla de comunicación entre niveles asistenciales puede contribuir a mejorar la selección de pacientes.

Redondo considera conveniente intervenir durante los primeros meses de vida si las dificultades de alimentación persisten pese a una evaluación adecuada y al apoyo especializado, siempre que exista una indicación clara para realizar una frenotomía. Como referencia, recomienda el periodo comprendido entre el primer y el cuarto mes, aunque se trata de una orientación basada en su experiencia clínica y no de un plazo aplicable a todos los bebés. En los niños mayores, en cambio, las dificultades de articulación requieren tener en cuenta la maduración del habla y contar con una valoración logopédica previa. En estas situaciones, el cirujano recomienda considerar la intervención a partir de los cuatro años.

Redondo insiste en mejorar los circuitos de derivación entre Atención Primaria y los servicios quirúrgicos para evitar demoras en los casos que requieren una atención prioritaria. "La continuidad asistencial entre Atención Primaria y especializada es fundamental ante un problema en el que existe tan poco consenso. Es importante elaborar protocolos conjuntos de actuación y detectar los casos que requieren atención urgente para que no haya demoras en su tratamiento (especialmente, el lactante con riesgo de pérdida de la lactancia materna)", explica. Al mismo tiempo, advierte de que las urgencias no deberían convertirse en la vía habitual para solicitar una frenotomía y reclama canales de comunicación ágiles entre pediatras y cirujanos.



Entre los casos que más preocupan al facultativo están los menores que llegan a su servicio después de una sección incompleta del frenillo. "La frenectomía es una intervención considerable para un lactante de meses de edad. Debe ser realizada por personas familiarizadas con la técnica", señala. Según explica, en ocasiones se realizan secciones parciales porque el profesional evita avanzar hacia zonas con mayor riesgo de sangrado, una situación que puede acabar llevando al niño a una segunda intervención. El cirujano asegura, además, haber escuchado relatos de procedimientos realizados incluso en domicilios particulares.

Hace dos años, el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Madrid (COEM) alertaba del aumento de la demanda de frenectomías en recién nacidos, tras conocerse el caso de dos bebés que necesitaron atención urgente después de una intervención irregular. Entonces, la entidad expresó su preocupación por la proliferación de centros que ofrecen estos tratamientos y recordó la importancia de contar con una indicación clínica adecuada y profesionales cualificados para afrontar posibles complicaciones. La Academia Americana de Pediatría también insiste en la importancia de valorar las alternativas, prever el control del dolor e informar a las familias de los posibles riesgos, entre ellos la hemorragia o la infección. En cuanto al instrumental, señala que no existe evidencia suficiente para considerar el láser superior a la sección con tijeras en lactantes pequeños. En recién nacidos, igualmente, recomienda comprobar que se haya administrado la profilaxis con vitamina K.

Redondo es partidario de que estas intervenciones se realicen en el ámbito hospitalario, principalmente por la disponibilidad de recursos para afrontar posibles complicaciones. Esto no significa, sin embargo, que todos los pacientes deban pasar por un quirófano. Los criterios recogidos en el estudio de 2023 contemplaban la posibilidad de realizar frenotomías en consulta hospitalaria, sin anestesia general, en determinados lactantes menores de cuatro meses.

El cuidado no termina con el corte

La frenotomía puede reducir a corto plazo el dolor materno asociado a la lactancia, según el informe publicado en 2024 por la AAP. Con todo, sus efectos sobre otros aspectos de la alimentación del bebé son menos consistentes y todavía existen ciertos interrogantes sobre los beneficios a largo plazo. Esta información resulta especialmente relevante a la hora de explicar a las familias qué mejoría pueden esperar de la intervención y qué dificultades podrían persistir después de realizarla.

Cristina Domínguez sitúa al odontopediatra en distintos momentos de este recorrido, desde la detección inicial de una posible anquiloglosia y la valoración anatómica hasta la coordinación de las derivaciones y, cuando está indicado y se cuenta con la formación necesaria, el tratamiento quirúrgico. Ahora bien, la especialista considera importante delimitar las responsabilidades de cada profesional. Mientras que la odontopediatría aporta el conocimiento de las estructuras bucodentales, la evaluación de las funciones orofaciales forma parte de las competencias de la logopedia, reconocidas en España por la Orden CIN/726/2009. Esta distinción permite integrar ambas perspectivas en la valoración del paciente sin confundir sus respectivos ámbitos de actuación.

La frenotomía puede aliviar el dolor materno a corto plazo, pero sus efectos sobre la alimentación del bebé son menos consistentes y persisten dudas sobre sus beneficios a largo plazo

La colaboración puede incorporar también a pediatras, logopedas especializados en motricidad orofacial, profesionales especializados en lactancia o fisioterapeutas, dependiendo de las dificultades que presente el bebé. Sin embargo, la experta advierte de que un abordaje multidisciplinar no debería traducirse en una sucesión interminable de consultas. "No siempre tienen que intervenir todos estos profesionales, ni es viable que las familias hagan una peregrinación por todos ellos. Por eso es importante que los profesionales que trabajamos con bebés tengamos cierta formación transversal a nuestra especialidad, no para invadir competencias, sino para derivar correctamente", explica.

Para Domínguez, el seguimiento después de una intervención no debería limitarse a comprobar la cicatrización de la herida. La especialista recuerda que una restricción lingual puede haber favorecido patrones compensatorios de succión, movilidad o postura que requieran un trabajo funcional individualizado. Incluso considera conveniente valorar antes de la cirugía si existen dificultades que sería preferible abordar previamente. Ahora bien, esta rehabilitación no debe confundirse con los estiramientos rutinarios de la herida quirúrgica. La AAP desaconseja estas maniobras por la falta de evidencia que respalde su utilidad y por el riesgo de provocar rechazo oral.

Por último, la odontopediatra advierte del riesgo de que la creciente atención a la anquiloglosia lleve a atribuirle dificultades cuyo origen puede encontrarse en otros factores. "En mi opinión, ni es una moda ni podemos atribuirle todos los problemas. Por suerte, cada vez hay más información y formación sobre este tema, pero no debemos correr el riesgo de centrarnos tanto en el frenillo que nos olvidemos de todo lo demás. Reconocer la existencia de la anquiloglosia o frenillos linguales alterados no significa que explique todos los problemas de lactancia ni que siempre requiera tratamiento quirúrgico", concluye Domínguez.