Diabetes y salud oral: una relación de ida y vuelta que obliga a ampliar la mirada clínica


La relación entre diabetes y salud oral ha dejado de entenderse como una simple coexistencia de patologías para convertirse en un ámbito de creciente interés clínico. La periodontitis sigue siendo su ejemplo más estudiado, pero las implicaciones alcanzan también a la cicatrización, el control glucémico y el papel de la consulta dental en la detección de situaciones de riesgo.
Diabetes y salud oral: una relación de ida y vuelta que obliga a ampliar la mirada clínica

28 de septiembre de 2026

Cuando se habla de la relación entre diabetes y salud oral, suele hacerse referencia al concepto de bidireccionalidad. Es decir, una relación que funciona en dos sentidos, exista o no una causalidad directa entre ambos procesos, que adquiere relevancia clínica porque el estado de uno puede condicionar la evolución y el abordaje del otro.

La periodontitis es probablemente el ejemplo paradigmático de esta conexión. La diabetes, especialmente cuando existe un mal control glucémico, se asocia con una mayor prevalencia y gravedad de la enfermedad periodontal. A su vez, la periodontitis puede contribuir a mantener un estado inflamatorio sistémico capaz de dificultar el manejo de la glucemia.

Esta interacción ha convertido la salud periodontal en uno de los principales puntos de encuentro entre Odontología y Endocrinología. Y no hace falta irse muy lejos para tomar el pulso al debate que está generando: en abril de 2026 se celebró en Sevilla el XXXVII Congreso Nacional de la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes (FSED), donde se dedicó un curso específico a la relación entre diabetes y salud periodontal, organizado por el grupo de trabajo conjunto de la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) y la Sociedad Española de Diabetes (SED).

Uno de los principales mensajes que dejó el curso fue la necesidad de considerar la periodontitis como un factor clínicamente relevante y modificable en las personas con diabetes. Expertos como Eduardo Montero, periodoncista y coordinador de la Comunidad Alianza por la Salud Bucal y General de SEPA, o Rocío Bujaldón, de la Universidad Complutense de Madrid, incidieron en la asociación de la periodontitis con un peor control glucémico y con niveles más elevados de hemoglobina glicosilada (HbA1c), así como en el potencial del tratamiento periodontal no quirúrgico para contribuir a reducir estos niveles a corto plazo.

De la salud oral a una visión integral del paciente

El encuentro también reivindicó un papel más proactivo del odontólogo en la prevención y detección precoz, tanto en la identificación de pacientes con factores de riesgo como en la recomendación de una evaluación médica cuando existan indicios de posibles alteraciones metabólicas. Pero para que esa labor tenga realmente recorrido, la consulta dental no puede funcionar de forma aislada. De ahí la importancia de mejorar la coordinación entre Odontología, Endocrinología y Atención Primaria, una colaboración que, según los expertos, todavía está lejos de integrarse plenamente en la práctica asistencial.

Tan solo dos meses después del congreso de la FSED, en junio, se presentó el informe 'Salud bucodental y diabetes: una relación bidireccional con impacto social, sanitario y económico', impulsado por DONTE GROUP y avalado por la SED y la Federación Española de Diabetes (FEDE). Los datos recogidos nos ayudan a dimensionar el problema entre las personas con diabetes encuestadas:

  • Más de dos tercios han sido diagnosticadas o presentan sospecha de periodontitis.
  • Más del 60 % ha sufrido sangrado de encías durante el último año y más de la mitad ha perdido alguna pieza dental.
  • Solo el 56 % considera que su salud bucodental es buena o muy buena, frente al 70 % de la población general.

Más allá de las cifras, el informe también pone de manifiesto una brecha de conocimiento entre los propios pacientes, muchos de los cuales todavía desconocen hasta qué punto la diabetes puede influir en su salud bucodental y viceversa. Una falta de información que nos devuelve a la consulta odontológica, pero esta vez no solo como espacio para abordar problemas orales, sino también para prevenir, informar y detectar posibles situaciones de riesgo.

Concebir la salud bucodental como parte del estado general del paciente está en la base de la llamada odontología integrativa. Aunque no se trata de una especialidad diferenciada ni existe una única definición cerrada del término, el concepto ha ido ganando presencia para describir un enfoque que amplía la mirada clínica más allá de lo estrictamente odontológico. Los procesos inflamatorios, el metabolismo, la relación con otras enfermedades o determinados factores ligados al estilo de vida forman parte de una perspectiva que busca superar la tradicional separación entre la odontología y el resto de la atención sanitaria. En los últimos años, esta aproximación ha encontrado espacio tanto en la literatura científica como en programas específicos de formación odontológica.

Dicha apertura de miras también se apoya en la colaboración con otras disciplinas, especialmente cuando la salud oral se cruza con enfermedades sistémicas como, precisamente, la diabetes. Desde esta perspectiva trabajan Carmen Delgado, especialista en cirugía oral, implantología y prostodoncia, y Anabel Peña, especializada en ortodoncia, ortopedia dentofacial y rehabilitación neuroclusal (RNO). Ambas son fundadoras de Delgado y Peña, una clínica sevillana con más de nueve años de trayectoria que apuesta por un abordaje multidisciplinar en el que confluyen salud, función y estética.

Mecanismos compartidos

En entrevista para IM Odontología, ambas profesionales ponen el foco en los mecanismos inflamatorios compartidos que ayudan a explicar la relación entre diabetes y salud periodontal: "Por un lado, la diabetes aumenta la respuesta inflamatoria sistémica y altera la microcirculación, haciendo que los tejidos periodontales sean más vulnerables a las bacterias. Por otro lado, una infección activa como la periodontitis libera mediadores inflamatorios a la sangre que incrementan la resistencia a la insulina".

En la práctica, la relación entre diabetes y salud periodontal tiene una traducción clínica clara y observable. En los pacientes con diabetes, especialmente cuando el control glucémico no es adecuado, Delgado y Peña señalan una inflamación gingival más marcada, mayor sangrado, una tendencia creciente a desarrollar abscesos periodontales y una destrucción más rápida del hueso de soporte. A ello pueden sumarse una cicatrización más lenta y otras alteraciones como la xerostomía.

De este modo, el grado de control glucémico se revela como uno de los factores que más condicionan la evolución periodontal. Según las especialistas, cuando los niveles de glucosa se mantienen estables, la respuesta al tratamiento puede acercarse a la de un paciente sin diabetes. En cambio, un mal control favorece la progresión de la enfermedad y puede reducir la eficacia terapéutica. "Un paciente con niveles estables puede responder al tratamiento periodontal con la misma eficacia que una persona sin diabetes", señalan las odontólogas, que subrayan la importancia de valorar el grado de control glucémico a la hora de interpretar tanto la evolución de la enfermedad como su respuesta al tratamiento.

El tratamiento periodontal no sustituye al abordaje médico de la diabetes, pero sí puede sumar un beneficio adicional sobre el control metabólico cuando ambas enfermedades conviven

En cualquier caso, la influencia de la diabetes sobre la práctica odontológica no termina en el periodonto. También puede ser especialmente relevante en procedimientos quirúrgicos, implantológicos o rehabilitadores, donde la cicatrización, la respuesta frente a una posible infección y la capacidad de reparación de los tejidos influyen directamente en la evolución del tratamiento. Cuando existe una hiperglucemia mantenida, estos procesos pueden verse alterados, de modo que el abordaje no depende solo del procedimiento odontológico, sino también de la situación metabólica y general del paciente.

"La hiperglucemia altera la función de las células inmunitarias y la síntesis de colágeno, afectando directamente a la capacidad de reparación tisular", explican Delgado y Peña. Esta alteración ayuda a entender por qué, cuando la diabetes no está bien controlada, pueden aumentar determinadas complicaciones tras una intervención. En cirugía oral e implantología, las especialistas señalan un mayor riesgo de infecciones posoperatorias, dificultades en la cicatrización y posibles problemas en procesos como la osteointegración. También apuntan a una mayor vulnerabilidad frente a patologías periimplantarias, especialmente cuando a la alteración metabólica se suman otros factores de riesgo.

Sin embargo, esto no significa que el diagnóstico de diabetes convierta por sí mismo estos tratamientos en inseguros o desaconsejables. Para Delgado y Peña, la diferencia está fundamentalmente en el grado de control de la enfermedad y en la situación general del paciente. Por eso, antes de determinados procedimientos, es importante conocer no solo el tipo de diabetes, sino también la evolución reciente de la glucemia, el tratamiento farmacológico, la relación de la medicación con las comidas o la existencia de antecedentes de hipoglucemia. La valoración se completa con la posible presencia de complicaciones cardiovasculares, renales o neurológicas asociadas a la enfermedad, que ayudan a definir mejor el riesgo individual y a adaptar el abordaje odontológico a cada caso.



Tratar la periodontitis para reducir la carga inflamatoria

Uno de los aspectos quizá más interesantes de esta relación bidireccional aparece al analizar qué ocurre cuando se trata la periodontitis. La cuestión es hasta qué punto actuar sobre la enfermedad periodontal puede repercutir también en el manejo de la diabetes. Nuevamente, la hipótesis parte de la inflamación. Si una periodontitis activa contribuye a mantener una mayor carga inflamatoria sistémica y esta puede interferir en la sensibilidad a la insulina, reducir esa inflamación mediante el tratamiento periodontal podría facilitar, al menos en cierta medida, el control metabólico.

Delgado y Peña inciden precisamente en este punto: "Al tratar la periodontitis reducimos de forma significativa la inflamación sistémica. Los estudios muestran que el raspado y alisado radicular puede reducir la hemoglobina glicosilada entre un 0,3 % y un 0,5 %". Una horquilla que está en línea con los resultados de una revisión Cochrane publicada en 2022: el análisis de 30 ensayos encontró una reducción media de 0,43 puntos porcentuales de HbA1c a los tres o cuatro meses tras el tratamiento periodontal, frente a la ausencia de tratamiento activo o la atención habitual. A los seis meses, el efecto observado fue de 0,30 puntos, mientras que la evidencia disponible a más largo plazo era bastante más limitada. Los autores calificaron como "moderada" la certeza de la evidencia sobre la mejora del control glucémico.

El efecto puede parecer modesto, pero no por ello resulta irrelevante. Hay que situarlo, eso sí, en su contexto. El tratamiento periodontal no sustituye al abordaje médico de la diabetes, pero sí puede sumar un beneficio adicional sobre el control metábolico, especialmente en el corto plazo, cuando ambas enfermedades conviven.Esa misma idea ha ido calando también entre las sociedades científicas. La European Federation of Periodontology (EFP), sin ir más lejos, defiende desde hace años que el tratamiento periodontal tenga un lugar en la atención de las personas con diabetes.

Determinados hallazgos orales, como una periodontitis de rápida evolución o abscesos recurrentes, pueden hacer sospechar un mal control metabólico

A veces, las primeras señales de alarma pueden aparecer durante la atención odontológica. No son suficientes para diagnosticar una diabetes, pero determinados hallazgos pueden hacer sospechar que existe un mal control metabólico o incluso una enfermedad todavía no diagnosticada. "La presencia de periodontitis severa o de rápida evolución que no responde al tratamiento convencional es una clara señal de alarma. Otros signos incluyen encías hiperplásicas o con abscesos recurrentes, boca seca persistente (xerostomía), ardor lingual, infecciones por hongos (candidiasis) de repetición o un aliento característico (aliento cetónico en casos graves)", comentan las odontólogas. Ninguno de ellos confirma por sí mismo una diabetes, pero su presencia puede justificar una valoración más amplia del paciente.

Con todo, el potencial de la consulta no termina ahí. "La clínica dental es un espacio privilegiado para el cribado de la diabetes, ya que muchas personas acuden antes al dentista que a revisiones médicas generales", sostienen las especialistas. En determinados pacientes, añaden, "medir el riesgo mediante cuestionarios validados o test rápidos de glucemia en la consulta permite derivar al médico a tiempo".

Lo que plantean las odontólogas sevillanas no es una propuesta aislada. Ya en 2017, la EFP y la International Diabetes Federation (IDF) reunieron en Madrid a expertos de ambas disciplinas para revisar la evidencia sobre diabetes y periodontitis y elaborar recomendaciones conjuntas. Entre ellas, se contempla que los pacientes atendidos en consulta dental que presenten factores de riesgo de diabetes tipo 2 sean informados y derivados al médico para una valoración y, si procede, un cribado. El objetivo no es tanto trasladar el diagnóstico metabólico al ámbito odontológico como aprovechar la consulta para identificar situaciones que merezcan una evaluación médica y facilitar esa derivación cuando sea necesaria.

El siguiente paso es conseguir que esa información tenga continuidad fuera de la consulta. También aquí Carmen Delgado y Anabel Peña reconocen avances todavía insuficientes: "Aunque la coordinación interprofesional ha mejorado de forma notable gracias a iniciativas de sociedades científicas –como la alianza entre periodoncistas y endocrinólogos–, aún queda camino por recorrer para integrar de forma fluida la historia clínica bucodental en el sistema de Atención Primaria", señalan. Una distancia entre conocimiento y práctica asistencial que, queda claro, todavía está por salvar.

Las odontólogas insisten, además, en que una parte del camino pasa por la propia información que recibe el paciente. "Nos parece clave enfatizar el concepto de salud integral y educación del paciente. Muchos pacientes diagnosticados con diabetes no son informados por su médico sobre las implicaciones bucodentales de su enfermedad", explican. Y cierran con una idea que resume bien la filosofía que atraviesa todo el artículo: "La boca forma parte del organismo". Reducir esa brecha de conocimiento, mejorar la comunicación entre profesionales y trasladar a la práctica lo que ya sabemos sobre diabetes y periodontitis siguen siendo tareas pendientes. En una enfermedad sistémica como la diabetes, mantener la salud oral al margen del resto del paciente resulta cada vez más difícil de sostener.