La evidencia científica estrecha el vínculo entre periodontitis y riesgo cardiovascular


Inflamación sistémica, alteraciones vasculares y factores de riesgo compartidos ayudan a perfilar mejor el papel que puede desempeñar la enfermedad periodontal más allá de las paredes de la cavidad oral. La incógnita sigue estando en hasta dónde llega ese vínculo y qué puede trasladarse realmente a la consulta.
La evidencia científica estrecha el vínculo entre periodontitis y riesgo cardiovascular

19 de octubre de 2026

La periodontitis lleva años –si no décadas– apareciendo en el radar cardiovascular, aunque su lugar exacto sigue siendo difícil de ubicar. Patologías, hábitos y comorbilidades se entrecruzan a menudo en un mismo paciente, lo que dificulta distinguir qué parte de esa asociación puede atribuirse realmente a la enfermedad periodontal. Hoy, ese margen de incertidumbre sigue marcando buena parte del debate odontológico.

El panorama se ha ido afinando con el tiempo. Estudios poblacionales de mayor tamaño, una mejor caracterización de los mecanismos implicados y nuevos trabajos sobre los efectos sistémicos del tratamiento periodontal han permitido poner a prueba algunas de las hipótesis que ya estaban sobre la mesa. Buena muestra de esa evolución es la actualización de la declaración científica de la American Heart Association (AHA), publicada en diciembre de 2025, que revisa el posicionamiento que la entidad había fijado en 2012 sobre periodontitis y enfermedad cardiovascular aterosclerótica. En esencia, el documento robustece la evidencia de una asociación entre ambas enfermedades y dedica especial atención a los mecanismos que podrían explicarla, aunque todavía sin demostrar una relación causal.

Para el doctor Simón Pardiñas, odontólogo, divulgador y autor de Cuida tu boca (Zenith), el principal avance ha sido comprender mejor esa relación. En entrevista con IM Odontología, explica: "Hace años ya se observaba que las personas con periodontitis presentaban más problemas cardiovasculares, pero quedaba la duda de hasta qué punto esa relación se debía realmente a las encías o a que ambas enfermedades comparten factores de riesgo, como el tabaco, la diabetes, la obesidad o determinados estilos de vida. Hoy contamos con estudios realizados en poblaciones muy amplias y conocemos mejor los mecanismos que pueden conectar ambas enfermedades".

¿Qué implica todo esto para la consulta odontológica? La respuesta está lejos de estar cerrada, pero estos avances ya empiezan a influir en la forma de valorar a determinados pacientes y de situar la enfermedad periodontal dentro de su salud global. Más allá de la literatura científica, la discusión alcanza ya decisiones muy concretas de la práctica clínica, especialmente en pacientes con periodontitis que acumulan factores de riesgo o antecedentes cardiovasculares.

Un riesgo añadido que cuesta aislar

La periodontitis se ha relacionado especialmente con la enfermedad coronaria, el infarto de miocardio, el ictus y la enfermedad arterial periférica. También se han observado asociaciones con hipertensión, aunque los resultados no muestran la misma solidez en todos los casos. Pardiñas menciona investigaciones que asocian este cuadro con un aumento cercano al 25% del riesgo de enfermedad coronaria, y otras que encuentran cifras de presión arterial algo más elevadas entre quienes lo presentan.

La intensidad de esa asociación parece variar según la gravedad de la enfermedad periodontal. Un metaanálisis publicado en julio de 2026, que reunió 30 estudios de cohortes, encontró una asociación global entre la exposición periodontal y un 31% más de riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular. El análisis detectó también un patrón de dosis-respuesta, con un riesgo creciente a medida que aumentaba la gravedad de la afectación periodontal, y una relación particularmente marcada con el ictus. El resultado añade así un matiz relevante, ya que no solo importa la presencia de periodontitis, sino también el grado de afectación periodontal.

La periodontitis probablemente no sea la causa de un infarto, pero sí puede ser una pieza más dentro del puzle del riesgo cardiovascular

Con todo, la lectura de estos datos se complica por el peso de factores compartidos como tabaquismo, diabetes, obesidad o sedentarismo. Separar cuánto aporta realmente cada elemento no resulta sencillo, especialmente cuando varias de estas variables coinciden en un mismo paciente. Según explica el odontólogo, "lo interesante es que muchos estudios siguen encontrando una asociación entre periodontitis y enfermedad cardiovascular incluso después de tener en cuenta varios de esos factores. Esto sugiere que la inflamación periodontal podría aportar una carga adicional de riesgo. Yo lo explicaría de una manera sencilla: la periodontitis probablemente no sea 'la causa' de un infarto, pero sí puede ser una pieza más dentro del puzle del riesgo cardiovascular".

Podemos dimensionar mejor esa carga inflamatoria fijándonos en la propia superficie afectada, que en una periodontitis puede alcanzar entre 20 y 40 cm². Pardiñas la compara con llevar en la boca "una herida abierta del tamaño de la palma de una mano". Si esa inflamación se mantiene durante años, resulta más fácil entender por qué sus posibles efectos se estudian también fuera del ámbito estrictamente periodontal.



Pardiñas sitúa parte de esa posible contribución en los mecanismos inflamatorios y vasculares asociados a la enfermedad periodontal. La inflamación mantenida puede alterar la función endotelial, aumentar el estrés oxidativo y reducir la disponibilidad de óxido nítrico, además de favorecer un entorno sistémico más proinflamatorio. El experto añade que la vía inflamatoria y la bacteriana no actúan necesariamente por separado: "Probablemente no haya que elegir entre uno u otro, porque la inflamación y las bacterias forman parte del mismo proceso y pueden actuar simultáneamente. Una periodontitis no es simplemente una encía que sangra. Es una inflamación crónica que puede estar liberando de forma continua sustancias inflamatorias al torrente sanguíneo".

Algunos trabajos han buscado directamente material bacteriano de origen oral en lesiones vasculares. En un estudio publicado en Journal of Periodontology, se analizaron 79 placas ateroscleróticas extraídas de arterias carótidas y femorales; 24 de ellas se estudiaron mediante PCR y en todas se detectó ADN bacteriano, incluido ADN de patógenos periodontales. Más recientemente, otro trabajo analizó trombos aspirados durante trombectomías de 71 pacientes con ictus isquémico agudo y encontró ADN de estreptococos orales en el 78,9% de las muestras. El especialista relaciona estos hallazgos con la bacteriemia transitoria que puede verse favorecida por un tejido periodontal inflamado, ulcerado y con tendencia al sangrado.

Tratar el periodonto y mirar qué ocurre fuera de él

Los efectos observados tras el tratamiento periodontal no se limitan al control local de la inflamación, sino que alcanzan también determinados parámetros sistémicos y vasculares. Distintos ensayos clínicos han descrito descensos de marcadores inflamatorios, mejoras de la función vascular y, en algunos casos, reducciones discretas de la presión arterial. "Cuando tratamos correctamente la periodontitis, no solo mejoran las encías. Algunos estudios muestran que, después del tratamiento periodontal, disminuyen determinados marcadores de inflamación en la sangre y mejora la función de los vasos sanguíneos. En algunos casos también se han observado pequeños descensos de la presión arterial", resume Pardiñas.

Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en 2024, que reunió 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró tras el tratamiento periodontal no quirúrgico reducciones significativas de proteína C reactiva, interleucina 6 y presión arterial sistólica. Concretamente, el descenso medio fue de 0,63 mg/L para la proteína C reactiva y de 0,73 pg/mL para la interleucina 6, dos marcadores estrechamente ligados a la respuesta inflamatoria sistémica. El análisis incluyó 11 marcadores relacionados con el riesgo cardiovascular, desde mediadores inflamatorios hasta variables lipídicas y de función vascular.

El tratamiento periodontal sigue indicándose por razones periodontales, aunque algunos de sus efectos ya se midan fuera de la encía

Esa línea de investigación dio un paso más con un ensayo clínico publicado en 2025 en European Heart Journal, el cual siguió durante dos años a 135 pacientes con periodontitis. El tratamiento intensivo mejoró la dilatación mediada por flujo ya a los dos meses, y la diferencia frente al grupo control se mantuvo durante todo el seguimiento. A los 24 meses también se observó un menor grosor íntima-media carotídeo, junto con niveles inferiores de proteína C reactiva de alta sensibilidad y de marcadores de estrés oxidativo. Del mismo modo, las mejoras vasculares se correlacionaron con la evolución de los propios parámetros periodontales.

En este punto aparece uno de los límites principales de la evidencia, y es que mejorar un marcador inflamatorio o vascular no equivale a demostrar que disminuyan los infartos o los ictus. Entre un cambio medible en el organismo y la prevención de un evento cardiovascular mayor sigue existiendo una distancia que la investigación todavía no ha conseguido salvar. Y esa diferencia también importa a la hora de hablar con el paciente. En palabras de Pardiñas, "eso no significa que tratar las encías vaya a evitar necesariamente un infarto. Yo no le diría a un paciente: 'vamos a tratarte la periodontitis para que no tengas un infarto'. Le diría algo que creo que es mucho más correcto: 'vamos a eliminar una infección y una fuente de inflamación crónica que sabemos que no beneficia a tu salud general'".

La paradoja de todo esto es que la indicación del tratamiento sigue siendo periodontal, aunque parte de sus efectos ya se mida fuera de la encía. Los cambios sistémicos observados amplían el alcance clínico de la intervención y dejan abierta la cuestión de si ese beneficio puede acabar reflejándose también en una menor incidencia de eventos cardiovasculares mayores. La respuesta, de momento, sigue escribiéndose en los estudios que intentan conectar ambos puntos.

El paciente cardiovascular también se sienta en el sillón dental

En la práctica, la periodontitis rara vez llega sola a consulta. Los antecedentes médicos, los factores de riesgo y la medicación forman parte de toda una historia clínica que, en determinados perfiles, adquiere un peso especial en la valoración odontológica. Una presión arterial elevada detectada en la propia clínica o la coincidencia de varios factores de riesgo mal controlados pueden ser la primera señal de que conviene implicar también al médico.

Durante la propia historia clínica pueden aflorar, además, señales como la falta de aire, la hinchazón de las piernas, las palpitaciones frecuentes o una fatiga exagerada. Pardiñas les concede especial atención cuando aparecen en pacientes con enfermedad cardiovascular conocida o con un control insuficiente. Ese contexto pesa todavía más en quienes ya han sufrido un infarto o un ictus, o conviven con insuficiencia cardiaca, arritmias o enfermedad arterial. En estos pacientes, la periodontitis pasa de leerse de forma aislada a formar parte de un cuadro clínico en el que el antecedente cardiovascular también entra en juego en la valoración y el seguimiento.



En toda esta ecuación, la medicación añade una variable propia. Algunos tratamientos utilizados frente a la hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares pueden producir xerostomía, alteraciones del gusto o agrandamiento gingival, con consecuencias sobre la higiene oral y el estado periodontal. En algunos pacientes, señala el experto, estas alteraciones dejan de ser un efecto secundario menor y pasan a interferir directamente en el control de la enfermedad.

La consulta dental ocupa, además, una posición 'privilegiada' dentro de ese circuito asistencial. Algunos pacientes mantienen sus revisiones odontológicas con mayor regularidad que los controles médicos, lo que convierte ese contacto periódico en una oportunidad para detectar situaciones que quizá hayan pasado inadvertidas.

Claro que esa lógica también funciona a la inversa. En la consulta de Atención Primaria, una observación básica de la boca puede detectar signos compatibles con enfermedad periodontal. Encías muy inflamadas o sangrantes, acumulación importante de sarro, retracción gingival, movilidad dental o halitosis persistente pueden ser suficientes para recomendar una visita al odontólogo, sin que el médico tenga que asumir un diagnóstico periodontal. "No se trata de que el cardiólogo haga de periodoncista ni de que el dentista haga de cardiólogo –plantea el experto–. Se trata de que cada profesional pueda reconocer determinadas señales que pueden ser importantes para la otra especialidad y derivar cuando sea necesario".

En el fondo, esa colaboración parte de una idea bastante más sencilla que el reparto de competencias entre especialistas. "Porque, al final, todos estamos tratando a la misma persona. Durante muchos años hemos dividido el cuerpo por especialidades: el dentista mira la boca, el cardiólogo el corazón y el endocrino la diabetes. Pero el organismo no funciona por compartimentos", concluye.

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