España mejora en salud bucodental, pero la brecha en el acceso la aleja de Europa


Los avances en salud oral no siempre van acompañados de las mismas posibilidades de recibir atención. Al mirar más allá de los indicadores clínicos, el contraste entre países revela diferencias importantes en la cobertura pública, el peso del gasto que asumen los hogares y la capacidad de acceder al dentista, especialmente entre quienes cuentan con menos recursos.
España mejora en salud bucodental, pero la brecha en el acceso la aleja de Europa

13 de octubre de 2026

La salud bucodental en España ha cambiado de forma notable en el último cuarto de siglo. Grosso modo, los adolescentes tienen menos caries, los mayores conservan más dientes naturales y algunos de los principales indicadores clínicos han mejorado de forma considerable. Sin embargo, si desplazamos la mirada de la enfermedad al acceso a la atención, la lectura deja de ser tan optimista. Los últimos datos europeos sitúan al país por encima de la media comunitaria en necesidades dentales no atendidas y con una brecha especialmente marcada entre las personas con menos recursos.

La principal referencia epidemiológica nacional procede de la Encuesta de Salud Oral en España 2025, publicada en la Revista del Ilustre Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos de España (RCOE). El estudio, realizado entre enero y mayo de 2025 sobre 3.152 personas y siguiendo la metodología recomendada por la OMS, recoge indicadores sobre caries, enfermedad periodontal, necesidades de tratamiento y desigualdades socioeconómicas en distintos grupos de edad. Para tomar el pulso a esos 25 años, basta con detenerse en unas pocas cifras especialmente reveladoras.

Entre los indicadores que mejor reflejan el cambio destaca la caries en niños y adolescentes. A los 12 años, el índice CAOD (número medio de dientes permanentes cariados, ausentes u obturados) se sitúa en 0,67 en 2025, frente a 1,12 en el año 2000. En ese mismo periodo, el porcentaje de menores de esta edad con historia de caries ha pasado del 43,3 % al 27,9 %. La tendencia es claramente positiva.

En atención dental, España supera la media de la UE en necesidades no cubiertas; en la asistencia médica general ocurre lo contrario

Para José Manuel Almerich, catedrático de Odontología Preventiva y Comunitaria de la Universitat de València y coautor de la Encuesta de Salud Oral en España 2025, uno de los avances más destacados de estas décadas se observa entre niños y adolescentes. En entrevista con IM Odontología, destaca que " los niveles de caries en dentición permanente han descendido de forma muy importante respecto a los registrados hace varias décadas, y hoy España presenta valores reducidos en comparación con los observados históricamente. A ello se suma un elevado índice de restauración, que refleja una mayor capacidad de diagnóstico y tratamiento".

Entre los mayores, la mejora se refleja sobre todo en la conservación de la dentición natural. Las personas de entre 65 y 74 años conservaban una media de 12,38 dientes naturales en 2000 y 18,55 en 2025, y el edentulismo total ha descendido en ese grupo desde el 31,3 % hasta el 6,6 %. En términos prácticos, supone conservar hoy más de seis dientes naturales adicionales de media respecto a hace 25 años.

En este sentido, Almerich apunta que la atención odontológica de las personas mayores está experimentando una transformación profunda. "Hace unas décadas, buena parte de la atención se centraba en la rehabilitación protésica de pacientes desdentados. Actualmente, cada vez más mayores conservan dientes naturales y, por tanto, requieren cuidados distintos", afirma. Ese cambio obliga a prestar más atención al mantenimiento, el control periodontal, la caries radicular o las restauraciones complejas, además del seguimiento de pacientes con múltiples patologías y tratamientos farmacológicos. A medida que aumente el número de mayores con dentición funcional, señala, será necesario reforzar una atención preventiva, continuada y coordinada con otros ámbitos asistenciales, especialmente en pacientes frágiles o dependientes.

Junto a estas mejoras, la serie también muestra avances en otros ámbitos de la salud oral. Las necesidades de tratamiento restaurador han descendido de forma marcada entre adolescentes y la pérdida dentaria también se ha reducido entre los adultos. El balance general es favorable, pero esos avances no se distribuyen de la misma manera entre toda la población.

El acceso, la otra cara del avance

Cuando centramos la comparación con el resto de la UE en el acceso a la atención dental, el panorama español resulta menos favorable que el que dibujan los indicadores clínicos. El Perfil de Salud de España 2025, elaborado conjuntamente por la OCDE y el Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud en cooperación con la Comisión Europea, recoge datos de Eurostat que permiten situar esa realidad en el contexto comunitario.

En 2024, el 9,3 % de las personas que habían necesitado atención dental en España declararon no haber podido recibirla por razones económicas, listas de espera o distancia, frente al 6,3 % de media en la UE. Esa diferencia de tres puntos porcentuales resulta especialmente llamativa al compararla con la asistencia médica general, donde, curiosamente, ocurre lo contrario. En este ámbito, España registra menos necesidades no cubiertas que el conjunto de la UE, un 2,6 % frente al 3,6 % comunitario.



La brecha se acentúa todavía más cuando entra en juego el nivel de renta. Entre las personas en riesgo de pobreza que habían necesitado asistencia dental, más de una de cada cinco encontró alguna barrera para recibirla. En concreto, el 22,1 % registrado en España supera en más de ocho puntos la media europea, situada en el 13,6 %. Y estas dificultades tampoco se limitan a la población adulta, ya que Eurostat situó a España en 2024 como el país de la UE con mayor proporción de menores de 16 años con necesidades dentales no cubiertas. El 7,5 % registrado prácticamente duplica el 4 % comunitario y coloca al país por delante de Finlandia y Francia, que presentan los siguientes valores más elevados.

Almerich amplía esa lectura y señala que las diferencias socioeconómicas no se limitan al acceso, sino que también se traducen en más caries, lesiones activas, pérdida dentaria y necesidades de tratamiento. "Lo más relevante es que estas diferencias aparecen desde edades tempranas y se mantienen a lo largo de todo el ciclo vital. Esto sugiere que no se trata únicamente de problemas clínicos, sino también de factores relacionados con los determinantes sociales de la salud, como la educación, los hábitos de higiene, la dieta, la capacidad económica para acceder a tratamientos o la utilización de servicios preventivos", asegura el catedrático.

El uso de los servicios nos permite añadir otra perspectiva interesante a la comparación. El último dato disponible para España sitúa las consultas presenciales al dentista en 1,16 por habitante en 2023, dentro de una Europa con diferencias muy amplias. En 2024, la mayoría de los países con información disponible registró entre 0,6 y 1,6 visitas por persona, mientras Países Bajos alcanzó las 3,5 y Rumanía apenas llegó a 0,3. A su vez, la disponibilidad de dentistas no parece guardar una relación directa con la frecuencia de las visitas. Ese mismo año, España contaba con 68,1 dentistas en ejercicio por cada 100.000 habitantes, lejos de los más de 110 registrados en países como Grecia, Chipre, Lituania o Rumanía.

Una cuestión también de cobertura

A las diferencias en el uso de los servicios y en la disponibilidad de profesionales se suma otro elemento clave de la comparación, el modo en que se financia la atención odontológica. En España, a diferencia de buena parte de las prestaciones incluidas en el Sistema Nacional de Salud, acudir al dentista continúa dependiendo en gran medida del gasto privado. El Perfil de Salud de España 2025 calcula que los pagos directos de los hogares representaron en 2023 el 21 % de todo el gasto sanitario, frente al 16 % de media de la UE. De ese desembolso directo, aproximadamente un tercio corresponde a la atención dental.

La dependencia del gasto privado se repite en otros países europeos, aunque no en la misma medida. El Health at a Glance: Europe 2024 muestra que, de media, los sistemas públicos o los seguros obligatorios financian algo menos de un tercio del gasto dental en la UE. Claro que esa cifra esconde diferencias muy amplias entre modelos. Por ejemplo, en Croacia, Alemania y Francia la proporción supera el 60 %, mientras que España y Rumanía se sitúan en niveles especialmente bajos.



Para Almerich, esta situación no invalida la evolución favorable de los indicadores clínicos: "No existe necesariamente una contradicción. Gran parte de la mejora observada en salud oral durante las últimas décadas está relacionada con factores preventivos de amplio alcance, como una mayor exposición al flúor, la generalización del cepillado con dentífricos fluorados, la mejora de los hábitos de higiene y una mayor concienciación sobre la salud bucodental. Sin embargo, cuando aparecen necesidades asistenciales, el acceso efectivo al tratamiento sigue estando condicionado por factores económicos

En 2022 se dio un paso importante para reducir esa dependencia con la aprobación del Plan para la Ampliación de la Cartera Común de Servicios de Salud Bucodental del SNS. La iniciativa nació con el doble objetivo de ampliar las prestaciones públicas y reducir las diferencias territoriales en su acceso. Entre las medidas incorporadas figuran actuaciones preventivas como los barnices de flúor, los selladores de fosas y fisuras o las limpiezas, además de determinados tratamientos restauradores en población infantil. El despliegue se dirigió inicialmente a niños y adolescentes, mujeres embarazadas, personas con discapacidad y pacientes con procesos oncológicos cervicofaciales.

Las mejoras de los indicadores de salud bucodental no deben ocultar que sus beneficios se distribuyen de forma desigual

La cartera ha seguido creciendo desde entonces y en 2025 comenzó la incorporación progresiva de las personas mayores de 65 años, con especial atención a las situaciones de mayor vulnerabilidad. En mayo de 2026, Sanidad autorizó otros 60 millones de euros y cifró la cobertura en el 30,4 % de la población infantojuvenil objetivo, el 25 % de las embarazadas y cerca del 3 % entre los mayores de 65 años.

Almerich considera que el refuerzo de la cobertura pública debe continuar, especialmente entre la infancia, las personas mayores dependientes, los pacientes con discapacidad y quienes disponen de menos recursos. Su planteamiento va, sin embargo, más allá de incorporar nuevas prestaciones: "La encuesta [de Salud Oral de 2025] pone de manifiesto que España ha logrado avances muy significativos, pero también que el futuro de la salud bucodental dependerá en gran medida de la capacidad para reducir las desigualdades sociales y garantizar un acceso más equitativo a la atención odontológica". Entre las prioridades sitúa también el refuerzo de la prevención y la mejora de los sistemas de información y vigilancia epidemiológica, necesarios para seguir la evolución de la salud oral y evaluar el efecto de las políticas implantadas.

Más que un puesto en una clasificación

Con todo, no todos los indicadores permiten situar a España frente a otros países europeos con la misma solidez, ya que los datos clínicos proceden con frecuencia de encuestas nacionales realizadas con metodologías, edades de referencia o periodicidades diferentes. Esto dificulta establecer comparaciones equivalentes entre países. En cambio, los datos recogidos con criterios comunes en el conjunto de la UE, como las necesidades dentales no atendidas, ofrecen una lectura más directa del acceso a la atención.

Almerich señala que la prevalencia de caries, el CAOD a los 12 años, la pérdida dentaria, el edentulismo o las necesidades de tratamiento también pueden resultar útiles cuando proceden de metodologías suficientemente estandarizadas. No obstante, las diferencias en las muestras, los criterios diagnósticos o la organización de los sistemas odontológicos pueden alterar la lectura de los resultados. "Además, los resultados dependen en parte de factores económicos, culturales y sociales. Por ello, más que fijarse únicamente en la posición relativa de un país en un ranking, resulta más útil analizar tendencias temporales y valorar cómo evolucionan los indicadores dentro de cada contexto nacional", comenta.

Más allá de la posición de España en cada indicador, la comparación permite identificar qué cambios pueden reducir las desigualdades que todavía persisten. Para Almerich, el siguiente paso exige una transformación de mayor calado. "En conjunto, las recomendaciones de este estudio apuntan a un cambio de paradigma: pasar de un sistema que amplía prestaciones odontológicas a un verdadero sistema público de salud bucodental, capaz de planificar, prevenir, registrar actividad, medir resultados en salud, generar conocimiento y corregir desigualdades", concluye el experto.

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