La odontofobia exige combinar planificación clínica, comunicación y atención personalizada
El miedo al dentista puede llevar a algunas personas a posponer durante años las revisiones y tratamientos necesarios. Comprender el origen de la odontofobia y ofrecer una atención adaptada son claves para recuperar la confianza.

El miedo al dentista puede llegar a convertirse en un obstáculo que algunas personas arrastran durante años. Una mala experiencia, el temor al dolor, las agujas o incluso la sensación de ser juzgado por el estado de la boca pueden hacer que una visita que debería formar parte de los cuidados habituales de salud termine aplazándose indefinidamente. Sobre esta realidad habla Ignacio Domenech Galarza, codirector de Clínica Dental Domenech y especializado en estética dental y endodoncia microscópica, que explica cómo se manifiesta la odontofobia, qué consecuencias puede tener evitar las revisiones y qué alternativas existen para afrontar tratamientos complejos de una manera más progresiva y controlada.
Según Domenech Galarza, en muchos casos el origen del problema se encuentra en una experiencia negativa previa. Puede tratarse de un tratamiento doloroso, de una consulta en la que el paciente sintió que no era escuchado o del miedo a que alguien juzgara el estado de su boca. A ello se suma un mecanismo de anticipación por el que la persona imagina que la visita será desagradable y decide posponerla. Al principio, esa decisión genera alivio, pero precisamente ese alivio termina reforzando el miedo y haciendo cada vez más difícil solicitar una nueva cita.
El especialista considera importante normalizar esta situación y evitar que quienes la padecen se sientan culpables. "Es importante entender que la odontofobia es algo completamente normal y que le ocurre a mucha más gente de lo que pensamos. No tiene nada que ver con ser débil o exagerado", indica.
"Es importante entender que la odontofobia es algo completamente normal y que le ocurre a mucha más gente de lo que pensamos. No tiene nada que ver con ser débil o exagerado"
Un miedo que puede manifestarse de muchas formas
La odontofobia no se presenta de la misma manera en todas las personas. Algunos pacientes llegan a la consulta muy tensos y pueden experimentar taquicardia, sudoración, náuseas o dificultades para respirar. Otros tienen una necesidad constante de levantarse, no consiguen permanecer con la boca abierta o incluso llegan a bloquear la comunicación con el profesional.
También existen casos menos evidentes. Hay pacientes que aparentemente se muestran tranquilos, pero llevan años cancelando citas y únicamente acuden cuando el dolor se vuelve insoportable. Para el experto, esta evitación también constituye una expresión del miedo y obliga a cambiar la manera de entender determinadas conductas en consulta. "Por eso no debemos etiquetar a nadie como un paciente difícil. Detrás de muchas reacciones hay una experiencia de ansiedad que necesita ser comprendida y atendida", explica.
"No debemos etiquetar a nadie como un paciente difícil. Detrás de muchas reacciones hay una experiencia de ansiedad que necesita ser comprendida y atendida"
Entre los factores que más ansiedad generan se encuentran el miedo al dolor y a las agujas, el sonido de los instrumentos, la sensación de no tener control sobre lo que está sucediendo y la preocupación por recibir una mala noticia sobre el estado de la boca. Las experiencias anteriores, determinados comentarios de familiares, el temor a sentirse juzgado o la vergüenza por haber tardado mucho tiempo en acudir también pueden contribuir a aumentar la ansiedad.
En este contexto, recuperar la sensación de control resulta especialmente importante. El paciente necesita conocer qué se va a hacer, cuánto puede durar el procedimiento, tener la posibilidad de preguntar y acordar previamente determinadas señales para detener la intervención si lo necesita. "Para muchos pacientes, lo más importante es recuperar la sensación de control", afirma.
Retrasar la visita puede complicar el problema
Evitar durante años una visita al dentista no elimina el problema que originó el miedo y puede hacer que una situación inicialmente sencilla se vuelva más compleja. Una caries pequeña puede avanzar, una enfermedad de las encías puede progresar y una infección puede terminar afectando a la función, al hueso o a otros dientes.
Además de las consecuencias clínicas, el paciente puede llegar a la consulta con más dolor y preocupación y con la sensación de que su situación ya no tiene solución. Esa percepción puede incrementar todavía más el miedo y reforzar el círculo de evitación.
Por ello, Domenech Galarza insiste en la importancia de no esperar a que aparezca una urgencia. Una revisión permite conocer el punto de partida y valorar las distintas opciones sin necesidad de tomar decisiones precipitadas. El objetivo es que el paciente pueda conocer su situación y plantear un tratamiento de manera progresiva.
El primer paso es pedir ayuda
Cuando una persona con odontofobia finalmente decide acudir a la consulta, el propio hecho de solicitar ayuda ya supone un avance. En estos casos, según el profesional, la primera visita no debería centrarse directamente en comenzar un tratamiento, sino en escuchar al paciente, conocer qué le ha ocurrido, identificar aquello que le preocupa y determinar qué necesita para sentirse seguro.
A partir de ahí se realiza la valoración clínica y se explican las distintas alternativas de una forma comprensible. El paciente debe saber qué se le propone, por qué se plantea esa opción y qué alternativas existen. Con esa información es posible diseñar un plan progresivo, establecer señales de comunicación y acordar pausas durante el tratamiento.
En determinados casos también puede estudiarse la utilización de técnicas específicas para controlar la ansiedad. La idea es evitar que la persona sienta que debe enfrentarse a todo de una sola vez.

Tratamientos complejos en una sola sesión
En algunos pacientes puede plantearse la posibilidad de concentrar un tratamiento complejo en una única intervención, pero únicamente cuando, tras estudiar el caso, se considera que hacerlo es clínicamente viable y seguro.
Este planteamiento puede resultar útil cuando es necesario coordinar varias actuaciones o diferentes especialidades, cuando el paciente tiene grandes dificultades para acudir repetidamente a la clínica o cuando vive lejos del centro. Sin embargo, el codirector de Clinica Dental Domenech advierte de que una intervención de este tipo no debe entenderse como una carrera para terminar cuanto antes.
"Hace falta un diagnóstico completo, una planificación muy precisa y valorar tanto la salud general del paciente como la complejidad real del tratamiento", puntualiza. De esta forma, la posibilidad de concentrar actuaciones en una sola sesión depende de las características concretas de cada caso y no únicamente del deseo del paciente de reducir el número de visitas.
Hace falta un diagnóstico completo, una planificación muy precisa y valorar tanto la salud general del paciente como la complejidad real del tratamiento"
Para una persona con odontofobia, disminuir el número de desplazamientos a la clínica puede contribuir a reducir la anticipación y la ansiedad. El paciente no tiene que prepararse psicológicamente para acudir varias veces ni enfrentarse repetidamente a la misma preocupación antes de cada cita. A su vez, coordinar diferentes fases del tratamiento desde el principio puede ofrecer una visión más clara del proceso.
Esto no significa necesariamente que todo el tratamiento finalice ese mismo día ni que desaparezcan las revisiones posteriores. Se trata de organizar, cuando las circunstancias lo permiten, el tratamiento de una manera que resulte más cómoda, controlada y adaptada a cada persona.
No obstante, la posibilidad de concentrar diferentes actuaciones en una sola sesión no es aplicable a todos los pacientes. Puede no ser adecuada cuando el tratamiento requiere distintas fases de cicatrización, cuando la duración o extensión de la intervención hacen que no sea seguro realizarla de una sola vez o cuando existe una situación médica que debe estabilizarse previamente.
También deben valorarse posibles contraindicaciones para la sedación o la anestesia y la capacidad del paciente para cumplir las indicaciones previas y posteriores al tratamiento. Por lo tanto, la decisión debe ser individualizada. "Tener miedo al dentista no convierte por sí solo a una persona en candidata ni en no candidata", aclara.
La importancia de un equipo multidisciplinar
Los casos complejos pueden requerir la intervención coordinada de diferentes profesionales. Un equipo multidisciplinar permite que cada especialista se ocupe de la parte del tratamiento correspondiente a su área de experiencia, pero siguiendo un mismo plan.
En función de las necesidades del paciente, pueden participar odontólogos, cirujanos, especialistas en encías, profesionales de la restauración dental, personal de enfermería y, cuando está indicado, un equipo de anestesia.
La coordinación resulta esencial para evitar que el paciente perciba el proceso como una sucesión de profesionales que toman decisiones de manera independiente. "La clave está en que todos conozcan el caso y trabajen de forma coordinada", señala Domenech Galarza. El objetivo es que la información se comparta entre los distintos profesionales y que el paciente se sienta acompañado durante todo el proceso.
La clave está en que todos conozcan el caso y trabajen de forma coordinada"
La planificación comienza con un conocimiento detallado del paciente, incluyendo su estado de salud, sus antecedentes, sus expectativas y sus miedos. Después se realiza el diagnóstico mediante la exploración clínica y las pruebas que sean necesarias. Con toda esta información se establece el plan de tratamiento y el orden de cada procedimiento.
También es necesario coordinar los tiempos, los materiales, los profesionales que participarán y las indicaciones anteriores y posteriores a la intervención. En los tratamientos complejos, apunta el especialista, cada detalle puede ser relevante y el equipo debe tener previstas las diferentes situaciones que puedan surgir.
Controlar la ansiedad
La sedación puede ser una herramienta útil para determinados pacientes con un elevado nivel de ansiedad, aunque subraya que no constituye una solución automática ni está indicada de la misma manera para todas las personas.
Dependiendo de las circunstancias, puede utilizarse una técnica de sedación consciente, en la que el paciente permanece en contacto con el equipo, mientras que en otros casos puede ser necesario valorar otro tipo de anestesia con profesionales especializados.
En todos los supuestos debe existir una valoración médica previa, una indicación clara, una monitorización adecuada y un equipo preparado para actuar. La sedación, además, debe integrarse en un planteamiento más amplio que incluya una buena comunicación, anestesia local cuando sea necesaria y un plan orientado a que el paciente pueda recuperar progresivamente la confianza.
Para las personas que llevan años evitando el dentista, Domenech Galarza lanza un mensaje especialmente dirigido a eliminar la vergüenza. En la consulta, es habitual atender a personas que han pasado mucho tiempo sin acudir y que tienen dificultades incluso para explicar qué les ocurre.
Por eso, considera que no es necesario
llegar a la primera visita con todo decidido ni saber describir exactamente el
origen del miedo. "Basta con decir: 'Tengo miedo'. A partir de ahí podemos
empezar a construir un plan", asegura.
Basta con decir: 'Tengo miedo'. A partir de ahí podemos empezar a construir un plan"
La primera visita debería servir para escuchar, valorar la situación y explicar las posibilidades existentes. El paciente tiene derecho a conocer sus opciones y a sentirse acompañado durante el proceso. Pedir ayuda, insiste, no implica tener que afrontar todas las intervenciones de golpe, sino comenzar a recuperar el control sobre la situación.
También quiere insistir en que la odontofobia es más frecuente de lo que muchas personas creen. Quienes la padecen pueden pensar que son los únicos que sienten ese miedo, cuando en realidad se trata de una situación compartida por muchos pacientes.
Así, considera que los avances tecnológicos y los tratamientos disponibles son importantes, pero no constituyen el único elemento de una buena atención. El trato humano también forma parte del tratamiento y puede ser determinante para que una persona que ha evitado durante años acudir al dentista pueda volver a confiar. "En Domenech Dental intentamos que cada paciente entienda lo que vamos a hacer, se sienta escuchado y pueda avanzar a su ritmo", sostiene.
Su planteamiento resume una idea que va más allá del tratamiento estrictamente dental: "No cuidamos únicamente bocas; cuidamos personas". Y, para el especialista, que alguien que llevaba años sin sonreír vuelva a sentarse en el sillón dental con confianza constituye también un resultado relevante del proceso.
TE RECOMENDAMOS
Elevar la experiencia del paciente a través de un buen diseño de la clínica dental
Con el objetivo de garantizar el bienestar del paciente, la arquitectura y el diseño se convierten en herramientas para optimizar los recorridos, generar confianza y...
La ansiedad y el estrés también dejan huella en la boca
La salud mental y la salud bucodental mantienen una relación más estrecha de lo que habitualmente se reconoce. Mientras que la ansiedad y la depresión...